El peligro de la gratitud

El peligro de la gratitud

No pasa un día sin que me encuentre con alguna publicación, algún vídeo o algún artículo sobre la gratitud y su importancia. Su mensaje es siempre el mismo: agradécelo todo, cada día, porque así te sentirás mucho mejor.

A mí estas ideas siempre me sacan de quicio. Llevo años queriendo escribir sobre por qué esta clase de gratitud es peligrosa, incluso dañina.

Esta actitud no es más que esperar un milagro por medio de la gratitud, una espera nacida de la impotencia, que hace más daño que bien. Agradeces con una segunda intención: para que, gracias a ello, más adelante te vaya mejor. Es la gratitud del «¿y yo qué gano con esto?», es decir, no agradeces sin condiciones.

La solución es liberarte de la tensión que hay en ti, borrar el miedo de tu interior; después, ya libre de estos bloqueos causados por el estrés, podrás cargarte de energía. Y una vez que te hayas liberado de los hábitos dañinos, se extienden en ti la verdadera satisfacción y la paz: la GRATITUD de verdad, sin segundas intenciones.

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